El néctar negro de los dioses blancos…

La última vez que fui a Cuba fue en abril de este año. Desde el 2012 voy cada año y esta fue la cuarta vez. Cuba se deteriora día a día pero este año vi algunas mejoras. Tal vez soy muy optimista y muchos cubanos que viven en la isla y fuera de ella no estarán de acuerdo conmigo pero yo sí vi cambios.

En el último año – y esto fue mucho antes de la visita de Obama a la isla – se liberaron un poco las cosas y han surgido muchos negocios no estatales. La gente está abriendo restaurantes, cafés, dulcerías, bares, etc. El comercio interno hace que el país se mueva y se regenere, por así decirlo.

En los seis días que estuve allí, visité varias “paladares” – restaurantes particulares, que no son del estado o gobierno y que en un tiempo fueron ilegales. Primero debo decir que la atención y los productos fueron buenos, comparados con establecimientos comerciales y teniendo en cuanta que llevo 7 años y medio viviendo en la mata del capitalismo y el consumismo y sirviéndome del buen servicio al cliente, cosa algo ajena a Cuba.

En otro momento les puedo hablar más de la comida y en otro lugar les puedo contar más de Cuba y su estructura político-socio-económica. Ahora vamos a hablar de algo más.

Recorriendo las calles de mi Habana y hasta de Santa Clara, me tropecé con disímiles establecimientos que vendían café expreso en todas sus variedades italianas.  También venden en otras variantes cubanas y, créanme, un menú de Starbucks no se compara con la variedad y deliciosés que allí me encontré.

Yo soy amante de la canela y en Cuba te sirven el capuchino con polvo de cocoa y canela por encima, como dios manda. Lo probé en varios lugares y me fascinó pero la perla escondida la encontré en la paladar Los Mercaderes, en la calle Mercaderes de la Habana Vieja.

¿Qué no me gustó de ese lugar? Podemos comenzar por decir que es una casona colonial en un segundo piso, completamente renovadas convertida en restaurant, conservando su encanto de antaño y su bellesura criolla. Los camareros, todos varones, vestidos de negro, impecables, prestos y conocedores del menú. La comida, simplemente deliciosa. Pero… El café… (Suspiro)

Yo pedí un capuchino al final de mi almuerzo y me lo trajeron enseguida. La raza blanca casi desbordada en espuma. No había azúcar. Enseguida le pedí al camarero, obviando el error. Me dijo: “señorita, si me permite la recomendación, debería probarlo antes de ponerle azúcar ya que él barista prepara una crema dulce que no necesita de más complemento”.

Yo le hice caso porque todas sus otras recomendaciones habían dado en el clavo. Le pude un poco de canela y cacao, lo revolví y probé.

¡Oh! ¡Qué delicia!

Hasta el día de hoy yo intento recrear el sabor de aquel capuchino y no he dado con la receta de esa crema dulce que prepara ese barista cubano y vivo frustrada. A ver, no es que esté a un viaje en carro de Los Mercaderes. ¡Está en La Habana Vieja y yo en Las Vegas!

Sueño con volver a Cuba para ir allí.

El enganche fue tan grande que llegué de mis vacaciones buscando la cafetera perfecta que haga mi café expreso negro y con una crema espesa y que caliente la leche y haga una espuma densa. Sin mentirles, compré y devolví como 3 o 4 cafeteras antes de encontrar la perfecta.

Pero aún no encuentro la receta, aunque sigo buscando. Y ahora, todos los días me desayuno un capuchino y algunas veces, si estoy de suerte, me tomó otro en la tarde, aunque me quite el sueño porque, ¿quién necesita dormir cuando puede volar?

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2 comentarios en “El néctar negro de los dioses blancos…

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